Querétaro en 2075, la ciudad que aprendió a vivir mejor.
- Emilia Rico
- Jan 13
- 3 min read

Estamos en el año 2075. Querétaro ya no se define por una industria específica, sino porque es el lugar donde México aprendió a diseñar calidad de vida de forma sistemática.
Durante la primera mitad del siglo XXI, Querétaro fue reconocido por su estabilidad, seguridad, infraestructura, talento y una calidad de vida comparable con las demás ciudades de la República. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) posicionó a Querétaro como una de las ciudades más competitivas de México por su capacidad para atraer inversión, talento e innovación.
De igual forma, The New York Times la incluyó en su lista de los 52 destinos imperdibles para 2026, reconociendo su patrimonio, su cultura, su gastronomía y su entorno natural. Querétaro se volvió una ciudad latinoamericana donde la gente buscaba vivir, no solo trabajar.
Ese fue el punto de partida de todo lo que vino después. Querétaro empezó a atraer y desarrollar profesionales altamente calificados, científicos, médicos, ingenieros, emprendedores y creativos que buscaban no solo oportunidades económicas, sino una vida equilibrada. La calidad de vida dejó de ser un resultado y se convirtió en una estrategia de desarrollo.
A partir de los años 2030 comenzó una llegada masiva de infraestructura digital. Querétaro se consolidó como uno de los centros de data centers más importantes de América Latina, impulsado por empresas como Google, Amazon y Microsoft. Además de traer inversión, hubo una concentración de talento en inteligencia artificial, análisis de datos, ciberseguridad y sistemas complejos.
Los sistemas de salud empezaron a digitalizarse creando una mejor logística y atención. Las universidades comenzaron a cruzar biología con ingeniería. Las startups locales comenzaron a trabajar con genómica, neurotecnología e inteligencia artificial. Querétaro no se volvió futurista de golpe, fue un proceso exponencial de talentos unidos y pensados con precisión.
Para 2050, el estado ya era un referente nacional en longevidad activa, salud preventiva y tecnologías de bienestar debido a su calidad de vida. No porque la gente viviera más años, sino porque vivía mejor. De acuerdo con INEGI, la expectativa de vida en Querétaro en 2024 era de 73.3 años y en 2026 de 77.6 años, mostrando un incremento que atrajo inversión internacional, investigación médica y nuevas industrias vinculadas al mejoramiento humano.
Fue en ese contexto que surgió la creación del Instituto de Transhumanismo de Querétaro, una institución diseñada para impulsar el sector clave del futuro del estado y coordinar esfuerzos en educación, inversión, innovación y políticas públicas. Se especializó en aplicar tecnología en la evolución humana y desarrollar aumentos biotecnológicos que mejoren salud, capacidades cognitivas y calidad de vida. Su creación fue dedicada a resolver problemas como el envejecimiento poblacional, enfermedades crónicas, pérdida de productividad y desigualdad en el acceso a la salud. Desde Querétaro se diseñaron protocolos para integrar biotecnología, inteligencia artificial y regulación pública en un mismo sistema.
Lo que antes era investigación aislada se volvió política de Estado. Todo bajo un marco legal que protegía la identidad, los datos y la dignidad de las personas. Para 2075, eso transformó completamente la economía del estado. La industria principal ya no era manufactura, ni turismo, ni aeroespacial. Era la optimización de la vida humana: clínicas, centros de investigación, educación aumentada, biotecnología, seguros de longevidad, arquitectura para cuerpos híbridos, ciudades diseñadas para cerebros conectados.
Lo que había comenzado como una ciudad atractiva para vivir se convirtió en un ecosistema donde vivir mejor es un producto, un derecho y una industria. Querétaro entendió que debía invertir en su capacidad de evolucionar.
